La verdad que es muy largo. Lo reconzco. Pero es muy lindo. Se nota cierto cambio estilístico, cierta manera de narrar mucho más elaborada. Me gustan los momentos en los que cuento cosas cotidianas y las narro como si formaran parte de una novela y no de mi vida. Es consolador a veces pensar que en realidad no soy una persona real sino un personaje de una novela, ni siquiera mía. Una manera perfecta de justificar mis fracasos y no tener que detenerme dolorosamente a pensar o sufrir por ellos.
No voy a comentar todo lo que dice abajo, es demasiado. Siquiera voy a hablar mucho más para no agotar a quien pueda llegar a leer esto. Pensé en dividirlo en dos partes, pero rompería su unidad de mail. Me gusta, ¡¡Recomiendo leerlo!!
Me gustaría escribir hoy. Estoy con el estado de ánimo perfecto. Pero no sé, se me dió por publicar eso. Saludos a quien me lea.
Título del mail: para que el del ciber gane unos mangos imprimiendo
fecha: 18 de julio de 2006
Mirá, así cuentan los escritores (mmm... ¡yo no soy eso!) sus interesantes caminatas desde la fábrica a la verdulería por más que no haya nada interesante que contar:
Voy a la verdulería de Diaz Colodrero. Antes cruzo la esquina de Pacheco donde no hay barrera y donde en ese instante se escucha la bocina de un tren que está a más de una cuadra de distancia. Me gustan mucho los trenes, verlos pasar como gusanos metálicos en medio de la ciudad: sobre los puentes, sobre las vías, deteniendo el tránsito, la gente, el mundo. Todo a gran velocidad, imponentes, sin casi pedir permiso. A penas una barrera (si la hay), y el banderillero agitando su brazo verde. Trenes, recuerdo de la infancia, recuerdo de mi niñez y de ir hasta retiro con la abuela Delia.
Cruzo a paso muy lento, porque hay otra cosa que me encanta: mirar a lo lejos ahí donde los edificios no estorben la vista. Cruzo tranquilo y pienso: ¿por qué esta gente se queda parada y no cruza? ¿por qué espera tres segundos a cruzar después de que el semáforo se puso en rojo? "Escucho bocina de tren, entonces me freno aunque el tren esté a diez cuadras". P -> Q. Lógica de primer orden, pura, horrible, matemática por todas partes.
Sigo caminando, llego a la verdulería, una vieja sociable le dice a otra que no conoce: "Yo las frutillas las como solas, son muy ricas". La otra contesta que ella no puede comer cosas fritas y que entonces le pone jugo de naranja al pollo. Me fastidio. Me tienta decirles que yo las frutillas se las tiro a las viejas que dicen pelotudeces, y aclaro, por las dudas, en las verdulerías. Me imagino sus caras, sus expresiones, sus respuestas. Me río. El fastidio siempre se convierte en buen humor.
El verdulero con el que siempre hablo con gusto me dice:
-¡Qué día hoy!
-¿Por? -pregunto.
-Digo, por la humedad.
-A mi me encanta la humedad y que esté el piso de las calles mojado.
Días hermosos para escribir. El otro día le mandé a un amigo algo que escribí otro día como hoy, pero de la semana pasada, pensando en una mujer y que no mandé:
"Hoy me senté frente a la computadora de la fábrica y algo que me suele llevar cuarenta minutos me llevó más de dos horas. No puedo dejar de pensar en vos. Y pienso en vos y se me sale el alma por el estómago, por los ojos, por la respiración. Vuelvo a no poder controlar lo que siento. Cualquier persona que me habla en este momento me irrita, cuaquier llamado es una ofensa, un obstáculo entre nosotros dos.
Me pregunto a quién le estarás sonriendo, a quién alumbran tus ojos ahora. No estás al lado mío, entonces haga lo que haga, siento que pierdo el tiempo. Quiero verte, en este mismo instante, ya, ahora. Quiero escribirte y que estés a mi lado. Y acaso dejar de escribir y besarte, y volver a escribir, y que me leas, y volverte a besar, y a escribir, y que mi vida se consuma en eso. Aunque para que se cumpla mi vida tuviera que durar tan sólo dos horas, aunque fueran mis dos últimas horas, eligiría esas, exactas, perfectas. Te eligiría a vos, también exacta y más aún perfecta.
Válga esta confesión, si es necesario, tu inevitable silencio. Que tanta franqueza y tu no sentir lo mismo se vuelvan ausencia. Mas no puedo dejar de escribir, y en este mundo literario en el que me siento libre y salvado, en este mundo literario único en el que me siento plenamente feliz, en este mundo que es puro placer y deseo, hoy eligo escribir que te beso. Perdón."
-Gato, escribis muy groso -me dijo. Lo único que le sacaría es el perdón.
Sí, puede ser, contesté. Mientras por dentro pensaba que probablemente era lo más hermoso. Palabra solitaria, al final, jugando con el blanco del texto. Única oración con una sola palabra. Gota de tristeza que invierte todo el mundo platónico y abstracto del amor para volverlo sufrido, real, contradictorio.
XXXXXXXX no estaba enojada al final. No sólo no dijo nada sino que se mostró tan simpática y alegre como siempre. Le gustó mi corte de pelo. A mucha gente no, mientras me lo autocortaba me divertía pensando que lo estaba haciendo disparejo (si, disparejo, ni siquiera me lo cortaba desparejo, ni siquiera) y que iba a escandalizar a mis viejos y al sector de mis amigos más conservador.
Esto lo escribí el lunes a la mañana.
A la tarde me tomé un tren a retiro y desde ahí un colectivo hasta el Parque Lezama. ¿Fuiste alguna vez?, es muy lindo, si queres un día vamos juntos. Ahí se conocieron Martin y Alejandra, al principio de Sobre Héroes y Tumbas. "He vuelto a aquel banco del Parque Lezama, lo mismo que entonces se oye la noche, la sorda sirena de un barco lejano. Mis ojos nublados te buscan en vano. Después de diez años he vuelto aquí solo, soñando aquel tiempo, oyendo aquel barco. Mis penas vencieron. El tiempo y la lluvia, el viento y la muerte, ya todo llevaron.". Alguna vez le dije a XXXXXX que mientras leía ese libro había sentido que yo era Martin y ella Alejandra. Es muuuy parecido a Barracas de Belgrano (¿conoces?) pero más lindo, incluso encontré un pequeño ángulo desde donde podes evitar ver el mínimo fragmento de ciudad. Aunque barracas tiene la ventaja de que la zona es más linda, que está el barrio chino cerca que siempre se puede ir a visitar, un amenecer de carlitos en libertador y la horrible cabildo. A las 18 estaba ahí, a las 18.30 había empezado a oscurecer y el parque ya no era tan lindo por más que se habían prendido unos faroles que lo alumbraban completamente. En cinco minutos ya estaba todo oscuro, pero no quería volver a mi casa. Entonces me puse a caminar, sin más guía que caminar por las calles que me gustaban, doblando sin rumbo ni mapa en mano. No sé cuanto tiempo caminé, no llevaba reloj ni lo hubiera llevado. Mientras caminaba me preguntaba que incomprensible motivo me llevaba a caminar por calles oscuras y no tan oscuras, sólo, sin rumbo alguno prefijado. Tal vez algún bar en el que también sólo me senté a tomar un café y dos medialunas con dulce de leche, tal vez el dintel de una puerta, tal vez la inscripción -también incomprensible- en alguna pared ("La sonrisa de Gardel ilumina la ciudad"), tal vez una esquina más grande de lo habitual en la que unos chicos jugaban a la pelota, tal vez alguna fuente, las casas viejas de San Telmo, unos monumentos con figuras griegas o más tarde el reflejo de figuras enigmáticas en el río puedan responderlo. Pero acaso no, acaso no sean más que imágenes-metáforas de ese sin motivo o motivo secreto que me arrastraba todo el tiempo.
"lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mi"
Salí del Parque Lezama, después creo que anduve por San Telmo, llegué a la estación de Constitución y cuando ya estaba un poco cansado saqué la guía T de la mochila. Se me ocurrió ir hacercándome a Puerto Madero (debía ir a mi derecha) o Retiro (debía caminar derecho). Con esos dos rumbos seguí mi camino, sin fijarme las calles, metiéndome por las que más sorprendentes o bellas me parecían con la única condición de que estuvieran al norte o al este.
Cuando llegué a Plaza de Mayo volví a revisar el mapa. Estaba lleno de policías, seguramente iba a haber una manifestación. En ese instante creo que escuché unos bombos y en mi locura escuché "Dale dale River Plate, dale dale River Plate, dale River Plate, dale River Plate" (canto típico de la hinchada de River). Me pregunté si acaso estábamos cerca de la cancha de River y al instante deseché la opción. Me pregunté si acaso había un caravana y también lo deseche. Estuve tentado de preguntarle a algún policía si iba a haber una manifestación de la hinchada pero ya estaba muy cansado y temí que se rieran de mí. Ahora me alegro de no haberles preguntado, acaso también hubiera pasado por demente. En ese momento vi una entrada de subte y casi me vuelvo, ya estaba cansado. Pero estaba cerca de Puerto Madero y tenía ganas de mirar el río y acaso tirarme y dejarme hundir sin carta de despedida, sin ningún motivo en particular, sin que nadie entendiera por qué, sin siquiera que yo mismo supiera por qué, por la única razón de haber pasado por ahí un día que salí a caminar, por esa razón suficiente que es la sin razón. Y mis famosos "quién sabe". Pero mentiría si dijera todo eso, sólo quería ver el río y sólo ahora que escribo se me cruzó lo de tirarme.
Llegué a Puerto Madero, me alejé de la avenida llena de negocios y gente horrible con traje y guardias de seguridad y cartelitos con propagandas y la hora. Caminé por la que da directo al río. Escuché algunas voces extranjeras. Aplaudí para mis adentro una inscripción en el pequeño, casi insignificante comedor de Castels: "Luchamos por una Argentina en la que los perros de los ricos no tengan mejor (¿o más?) alimento que los hijos de los pobres" (la frase también estaba en inglés). Me senté a mirar el río. No me preguntes en qué pensaba, creo que en ese mismo instante no lo tenía bien en claro o en todo caso no te lo confesaré, no ahora, no hoy, no por mail. Después seguí caminando, hasta que terminó el río, entonces salí de Puerto Madero no sin antes mirar maravillado un edificio con forma de semicírculo muy chato. Sería interesante ser arquitecto y construir enormes formas raras apenas comprensibles (para los demás, para mí mismo), y poder disfrutar aún más de las formas de los edificios y casas y calles. Volví a mirar el mapa. Caminé algunas cuadras, no estaba demasiado lejos de Retiro. Sin embargo en el camino encontré frenado un 93 y me lo tomé sin estar muy seguro de si me llevaba cerca de casa, sin preguntarle al chofer si ese iba para Villa Urquiza. Me bajé como a quince cuadras, caminé, llegué a mi casa, dije que había estado en Cabildo con un amigo, me acosté, dormí.
Un día estaba en Cefyl y una de las chicas que atienden le preguntaba a todo el mundo después de agarrar el numerito: "¿Cómo estás?". Nadie respondía, obviamente. Entonces me divirtió la idea de contestarle y justo me atendió ella y entonces le dije: "Bien, gracias, ¿vos?". Se rió, me reí. Evidentemente de tres millones de personas que van al Cefyl fuí el único al que se le ocurrió responderle. A la semana fui a comprar apuntes de nuevo y la volví a saludar, y me reconoció y le pregunté si mucha gente hoy y me dijo que sí y que estaba cansada. Otro fui y le dije: "Hola fotocopiadora simpática", y me dijo: "ayy, que bueno, sabes, me alegraste la mañana que no venía con muchas pilas". Despues le fui a pagar al gordo desagradable que cobra (o por ahí fue otro día) y ella le dijo: "Atendémelo bien a ese chico por favor", y yo le dije al gordo: "viste que es re simpática" y el gordo agregó: "sí, y además es muy linda". Ella se puso coloroda, el gordo me dijo: "mirá como se pone colorada" en voz baja y yo, como siempre, me reía.
Otro día le dibujé en una hojita de esas para pedir apuntes:
"Alterini es malo
(dibujé una casita, con un caminito, un arbol, las montañas, el sol con carita y unos pajaritos... dibujo que hago desde primer grado de la misma manera)
Para fotocopiadora simpática,
de comprador anónimo"
Por qué comprador anónimo, yo quiero saber tu nombre; dijo. "Y yo no te lo quiero dar contesté", amable a pesar de la frase. No sé por qué no le dije el nombre ese día, ni por qué las siguientes veces que fuí tampoco se lo quise decir. Agregalo a mi lista de rarezas y a mi etiqueta de "especial".
También me acuerdo otro día en el que fui y no había casi nadie y nos quedamos hablando un rato. Me dijo que estudiaba historia, aunque no estaba haciendo ninguna materia este cuatrimestre, y que estudiaba música en no sé donde. No me acuerdo de qué más hablamos. Me acuerdo que después saqué un papelito para sacar fotocopias (no apuntes) y que había mucha gente, y que ella que atiende en donde se venden apuntes (y no fotocopias) salió porque no había nadie y al rato volvió. Y que entonces le dije: "Por qué hay tanta gente en la fotocopiadora". Y que me preguntó si tenía que sacar muchas cosas y le dije que no, que sólo una hoja de un libro que se habían olvidado de poner en el apunte original... entonces lo fue a buscar, me lo dió, sacó la fotocopia ella y cuando le estaba pagando al que cobraba ese día le dijo: "no, no le cobres que es de una hoja que faltaba en un apunte". Después la crucé alguna que otra vez en los pasillos o ahí mismo, aunque no hablamos demasiado, no me interesa tampoco. El eterno problema de gato: me termino aburriendo y cansando de todo, incluso de la gente, lo cual es más doloroso. Ahora me basta con ir, saber que alguien me reconoce y no sentir que soy uno más entre nadies.
XXXXXXX (el compañero más grande de un seminario del que ya te he hablado) me escribió un día después de que le contara el día en que le escribí en un papelito el mensaje ya citado: "Muy lindo el episodio de la fotocopiadora. Claro que no pregunto por qué de tamaña acción, si ya lo sé: escribir un bello fragmento, eso es todo." Yo me quejé porque le dije "Señor, no fue un bello fragmento lo que escribí ese día, ¿usted leyó bien lo que le escribí en esa hoja?". A lo que respondió hermosamente: "Aunque parezca otro, el motivo es el mismo. Escribir un bello fragmento y sentirse vivo, son, para un poeta como ud., la misma instancia. Ud. no respira hondo, por ejemplo, para sentirse vivo: ud. vive bellas estampas en las cuales encontrar algo de la escueta belleza de esta vida". Hermoso que piensen eso de uno.
(párrafo censurado)
Todavía sigo pensando en la frase aquella que me dijo mi mejor amigo:
"ay gato te juro que no te entiendo un sorete
parece que sos facil pero te escabullis
desde afuera todo parece muy simple, esto te lo digo posta
yo te entiendo, pero cuando te veo de cerca cerca, me pareces muuuuuuy lejano
no es joda"
No sé por qué me fascina tanto. Acaso porque el siempre quiso negar de alguna u otra manera que soy una persona "especial" (como decis vos), raro o loco (como dicen otros). O al menos siempre me repetía que para los demás del grupo (de amigos) yo podía parecer muy raro pero que para él no. Y en esa frase, un día cualquiera, me confiesa que ni siquiera para él soy comprensible. Que me cree sencillo, que quiere creerme así, pero que termino escapando. Ni siquiera mi mejor amigo termina de entenderme, y usted, usted, ¿algún día podrá?
Bueno, los últimos párrafos no han nacido con demasiado entusiasmo ya, así que es hora de partir. Mi último día de mis primeras vacaciones de este invierno lo he pasado escribiéndote. ¡¡¡No podes quejarte!!!
Un beso.
Así hablo Gato. Sea impreso y publicado.
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"En la radio dicen que en Agosto se viene el fin del mundo. Estoy ansiosa de que llegue, así quedan los malos por un lado y quedamos los buenos por el otro". Maria Rita, 93 años, Geriátrico de Los Santos
"que no fume, ni beba, ni ideas de sexo, preferentemente católico" Maria Rita, 93 años, Geriátrico de Los Santos
jueves, 3 de julio de 2008
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1 comentario:
Juanito
sos más groso q vos..
me gusto tanto lo q leí, me gusta este espacio q es tuyo pero a la vez un pco nuestro, de los q te leemos
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