miércoles, 9 de julio de 2008

Cuento: Los Invencibles (¿Enero 2006?)

Estoy estudiando mucho. No tengo muchas ganas ni mucho tiempo de escribir. Ni siquiera releí el cuento este que ahora publico pero me acuerdo que me gustaba. Debo confesar que el género "cuento" no es de mis favoritos. Otro día expondré mis razones.



Los Invencibles


Para que Sábato reparta a todos los hinchas del fútbol argentino.

Los que habían presenciado el encuentro sabían que Los Invencibles habían derrotado por 3 a 2 al Korogwe Futbol Club en un reñido encuentro. Sin embargo, cuando por la noche el programa de resúmenes deportivos televisó el encuentro el resultado fue un rotundo 2 a 3.

La indignación no tardó en presentarse. Sobre todo porque el programa deportivo en cuestión no sólo no presentó la más mínima excusa sino que acusó a los jugadores de Los Invencibles de no aceptar su primer derrota en la historia. El “equipo de las estrellas”, como también se conocía a esta formación, no había perdido en sus veinte años de existencia un sólo partido. Si bien este resultado en particular no cambiaría el desarrollo del campeonato que encabezaban con suma tranquilidad, el hecho simbólico de que se reconozca que habían perdido un partido (que para colmo ellos sabían que no habían perdido) les producía un bajón anímico incuestionable.

En la reunión convocada con urgencia a altas horas de la madrugada por la comisión directiva del club se determinó por unanimidad la demanda judicial a la cadena televisiva. Las caras de perplejidad de los dirigentes fueron registradas por casi todos los medios de comunicación a los cuales, con razón de lo sucedido, se les prohibió la entrada. Por supuesto, que en la charla a puertas cerradas se discutió con extremo cuidado la situación. Una cosa era demandar a una cadena en particular, pero ponerse en contra de todos los medios de comunicación del país era una medida que podría provocar tener a todo la población en contra. Por esta razón, terminada la reunión se realizó una ronda de prensa que fue transmitada no sólo en directo por todos los medios nacionales sino también con la presencia de prestigiosas cadenas internacionales.

El tema se volvió discusión en todas partes. Los fanáticos del Korogwe organizaron un multitudinario festejo en el obelisco señalándose a sí mismos como el primer equipo que venció al dream team. Claro que en la barra brava no hubo la más mínima duda al respecto de lo sucedido, sin embargo, muchos de los presentes en el festejo que habían asistido presencialmente al encuentro estaban un tanto confundidos.

La prensa estuvo dividida. Por un lado, muchísimos medios se solidarizaron con sus compañeros y vieron el peligro evidente de afirmar que la cadena televisiva “La Verdad” hubiese mentido. Otros, un poco más inconscientes y teniendo en cuenta que en esos momentos “La Verdad” encabezaba todos los ratings nacionales aprovecharon la situación y unieron sus pequeñas fuerzas en contra de la importante transmisora.

En poco tiempo el tema se volvió cuestión de Estado. Las declaraciones del presidente, hincha fanático del equipo de las estrellas que había admirado la victoria desde su palco, habían sido certeras: “La victoria de Los Invencibles será sostenida si es necesario hasta por decreto”. Los opositores al gobierno no tardaron en tildar al presidente de tirano y dictador lo que produjo un escándalo de tal medida que la popularidad del presidente decreció en un contundente setenta por ciento en menos de 24 horas. Los partidos de izquierda por otra parte, aprovecharon la situación para hacer una dura crítica a la manipulación de la información por parte de la prensa.

Las posiciones de las vedettes fueron encontradas. Las de las divas de la televisión también; se dice que las primeras palabras de Mirtha Legrand al enterarse fueron Mierda, Carajo. La otra gran diva preguntó cuando era gol en el futbol.

Sin embargo, lo más interesante fue el proceso judicial. Algunos objetaron que era ridículo, que el juez no querría contradecir al presidente y que tendría miedo de ser destituido por lo que su resolución sería parcial y estaba determinada de ante mano. Otros prefirieron confiar en la justicia, o era lo único que les quedaba.

El Juez había sido sorteado. Todos estuvieron de acuerdo, sin embargo, en que sea él el encargado de llevar a cabo la investigación debido a que, según se había comprobado, había estado presente en el encuentro por haber estado encargado de la seguridad del mismo. A esto se le sumaba que el fútbol no era un deporte de su agrado y que su rectitud y espíritu de justicia le habían valido el puesto de juez-miembro del Tribunal Internacional de las Naciones Unidas

Para él que había presenciado el partido y que sabía que la victoria había sido efectivamente de Los Invencibles no le quedaba más que mandar a analizar la veracidad de la grabación en la que indefectiblemente se demostraría su in-autenticidad. Pero los resultados de todas las investigaciones, para su sorpresa, coincidieron en la legitimidad de la cinta.

Su incertidumbre fue manifiesta más aún después de haber citado a prestar declaraciones a más de quinientos testigos presenciales. “Se da el caso de que mis sentidos me dicen que indudablemente ganaron Los Invencibles (A); sin embargo tenemos una grabación indiscutible de ese mismo partido en el que también indudablemente queda demostrado que no ganaron Los Invencibles (no A).

¿Puedo poner en crisis mis sentidos directos de algo de lo que tengo certeza? Inevitablemente sí. Puedo llegar a pensar que me equivoqué, que sumé mal la cantidad de goles, al mismo tiempo que ví mal el resultado en el tablero, al mismo tiempo que setenta mil espectadores presenciales vieron lo mismo que yo, al mismo tiempo que no tengo la menor duda de que pasó lo que creo que pasó.

Pero, si acepto que puedo llegar a estar tan equivocado respecto a algo que ví presencialmente también puedo pensar que lo que veo en las cintas es igualmente equivocado. Entonces, no puedo negar mis sentidos en ninguno de los dos casos o puedo negarlos en ambos.

Al tener que llegar a una conclusión del tipo pasó esto o aquello no puedo negarme a confiar en mis sentidos aunque estén completamente enfrentados.

Ahora, si yo a pesar de mis dudas le doy ganado el juicio a quienes dicen que ganaron Los Invencibles me pongo en contra a millones y millones de espectadores que después de los análisis están seguros de que el video es verdadero. La otra opción sería dar por verdadero lo que pasa en las cintas y poner en contra a miles de espectadores directos entre los que me encuentro yo mismo.

¿Puedo dejar entonces la justicia en manos de la mayoría a pesar de estar convencido de que esa misma mayoría está equivocada? Maldigo la democracia.”

De esa conclusión nació la sentencia.

Más de quinientas personas fueron procesadas por falso testimonio.

El decreto nunca llegó.

jueves, 3 de julio de 2008

Recuerdos. Recomendado. 18 de Julio de 2006

La verdad que es muy largo. Lo reconzco. Pero es muy lindo. Se nota cierto cambio estilístico, cierta manera de narrar mucho más elaborada. Me gustan los momentos en los que cuento cosas cotidianas y las narro como si formaran parte de una novela y no de mi vida. Es consolador a veces pensar que en realidad no soy una persona real sino un personaje de una novela, ni siquiera mía. Una manera perfecta de justificar mis fracasos y no tener que detenerme dolorosamente a pensar o sufrir por ellos.
No voy a comentar todo lo que dice abajo, es demasiado. Siquiera voy a hablar mucho más para no agotar a quien pueda llegar a leer esto. Pensé en dividirlo en dos partes, pero rompería su unidad de mail. Me gusta, ¡¡Recomiendo leerlo!!
Me gustaría escribir hoy. Estoy con el estado de ánimo perfecto. Pero no sé, se me dió por publicar eso. Saludos a quien me lea.

Título del mail: para que el del ciber gane unos mangos imprimiendo
fecha: 18 de julio de 2006

Mirá, así cuentan los escritores (mmm... ¡yo no soy eso!) sus interesantes caminatas desde la fábrica a la verdulería por más que no haya nada interesante que contar:

Voy a la verdulería de Diaz Colodrero. Antes cruzo la esquina de Pacheco donde no hay barrera y donde en ese instante se escucha la bocina de un tren que está a más de una cuadra de distancia. Me gustan mucho los trenes, verlos pasar como gusanos metálicos en medio de la ciudad: sobre los puentes, sobre las vías, deteniendo el tránsito, la gente, el mundo. Todo a gran velocidad, imponentes, sin casi pedir permiso. A penas una barrera (si la hay), y el banderillero agitando su brazo verde. Trenes, recuerdo de la infancia, recuerdo de mi niñez y de ir hasta retiro con la abuela Delia.
Cruzo a paso muy lento, porque hay otra cosa que me encanta: mirar a lo lejos ahí donde los edificios no estorben la vista. Cruzo tranquilo y pienso: ¿por qué esta gente se queda parada y no cruza? ¿por qué espera tres segundos a cruzar después de que el semáforo se puso en rojo? "Escucho bocina de tren, entonces me freno aunque el tren esté a diez cuadras". P -> Q. Lógica de primer orden, pura, horrible, matemática por todas partes.
Sigo caminando, llego a la verdulería, una vieja sociable le dice a otra que no conoce: "Yo las frutillas las como solas, son muy ricas". La otra contesta que ella no puede comer cosas fritas y que entonces le pone jugo de naranja al pollo. Me fastidio. Me tienta decirles que yo las frutillas se las tiro a las viejas que dicen pelotudeces, y aclaro, por las dudas, en las verdulerías. Me imagino sus caras, sus expresiones, sus respuestas. Me río. El fastidio siempre se convierte en buen humor.
El verdulero con el que siempre hablo con gusto me dice:
-¡Qué día hoy!
-¿Por? -pregunto.
-Digo, por la humedad.
-A mi me encanta la humedad y que esté el piso de las calles mojado.

Días hermosos para escribir. El otro día le mandé a un amigo algo que escribí otro día como hoy, pero de la semana pasada, pensando en una mujer y que no mandé:

"Hoy me senté frente a la computadora de la fábrica y algo que me suele llevar cuarenta minutos me llevó más de dos horas. No puedo dejar de pensar en vos. Y pienso en vos y se me sale el alma por el estómago, por los ojos, por la respiración. Vuelvo a no poder controlar lo que siento. Cualquier persona que me habla en este momento me irrita, cuaquier llamado es una ofensa, un obstáculo entre nosotros dos.
Me pregunto a quién le estarás sonriendo, a quién alumbran tus ojos ahora. No estás al lado mío, entonces haga lo que haga, siento que pierdo el tiempo. Quiero verte, en este mismo instante, ya, ahora. Quiero escribirte y que estés a mi lado. Y acaso dejar de escribir y besarte, y volver a escribir, y que me leas, y volverte a besar, y a escribir, y que mi vida se consuma en eso. Aunque para que se cumpla mi vida tuviera que durar tan sólo dos horas, aunque fueran mis dos últimas horas, eligiría esas, exactas, perfectas. Te eligiría a vos, también exacta y más aún perfecta.
Válga esta confesión, si es necesario, tu inevitable silencio. Que tanta franqueza y tu no sentir lo mismo se vuelvan ausencia. Mas no puedo dejar de escribir, y en este mundo literario en el que me siento libre y salvado, en este mundo literario único en el que me siento plenamente feliz, en este mundo que es puro placer y deseo, hoy eligo escribir que te beso. Perdón."

-Gato, escribis muy groso -me dijo. Lo único que le sacaría es el perdón.
Sí, puede ser, contesté. Mientras por dentro pensaba que probablemente era lo más hermoso. Palabra solitaria, al final, jugando con el blanco del texto. Única oración con una sola palabra. Gota de tristeza que invierte todo el mundo platónico y abstracto del amor para volverlo sufrido, real, contradictorio.
XXXXXXXX no estaba enojada al final. No sólo no dijo nada sino que se mostró tan simpática y alegre como siempre. Le gustó mi corte de pelo. A mucha gente no, mientras me lo autocortaba me divertía pensando que lo estaba haciendo disparejo (si, disparejo, ni siquiera me lo cortaba desparejo, ni siquiera) y que iba a escandalizar a mis viejos y al sector de mis amigos más conservador.

Esto lo escribí el lunes a la mañana.
A la tarde me tomé un tren a retiro y desde ahí un colectivo hasta el Parque Lezama. ¿Fuiste alguna vez?, es muy lindo, si queres un día vamos juntos. Ahí se conocieron Martin y Alejandra, al principio de Sobre Héroes y Tumbas. "He vuelto a aquel banco del Parque Lezama, lo mismo que entonces se oye la noche, la sorda sirena de un barco lejano. Mis ojos nublados te buscan en vano. Después de diez años he vuelto aquí solo, soñando aquel tiempo, oyendo aquel barco. Mis penas vencieron. El tiempo y la lluvia, el viento y la muerte, ya todo llevaron.". Alguna vez le dije a XXXXXX que mientras leía ese libro había sentido que yo era Martin y ella Alejandra. Es muuuy parecido a Barracas de Belgrano (¿conoces?) pero más lindo, incluso encontré un pequeño ángulo desde donde podes evitar ver el mínimo fragmento de ciudad. Aunque barracas tiene la ventaja de que la zona es más linda, que está el barrio chino cerca que siempre se puede ir a visitar, un amenecer de carlitos en libertador y la horrible cabildo. A las 18 estaba ahí, a las 18.30 había empezado a oscurecer y el parque ya no era tan lindo por más que se habían prendido unos faroles que lo alumbraban completamente. En cinco minutos ya estaba todo oscuro, pero no quería volver a mi casa. Entonces me puse a caminar, sin más guía que caminar por las calles que me gustaban, doblando sin rumbo ni mapa en mano. No sé cuanto tiempo caminé, no llevaba reloj ni lo hubiera llevado. Mientras caminaba me preguntaba que incomprensible motivo me llevaba a caminar por calles oscuras y no tan oscuras, sólo, sin rumbo alguno prefijado. Tal vez algún bar en el que también sólo me senté a tomar un café y dos medialunas con dulce de leche, tal vez el dintel de una puerta, tal vez la inscripción -también incomprensible- en alguna pared ("La sonrisa de Gardel ilumina la ciudad"), tal vez una esquina más grande de lo habitual en la que unos chicos jugaban a la pelota, tal vez alguna fuente, las casas viejas de San Telmo, unos monumentos con figuras griegas o más tarde el reflejo de figuras enigmáticas en el río puedan responderlo. Pero acaso no, acaso no sean más que imágenes-metáforas de ese sin motivo o motivo secreto que me arrastraba todo el tiempo.

"lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mi"

Salí del Parque Lezama, después creo que anduve por San Telmo, llegué a la estación de Constitución y cuando ya estaba un poco cansado saqué la guía T de la mochila. Se me ocurrió ir hacercándome a Puerto Madero (debía ir a mi derecha) o Retiro (debía caminar derecho). Con esos dos rumbos seguí mi camino, sin fijarme las calles, metiéndome por las que más sorprendentes o bellas me parecían con la única condición de que estuvieran al norte o al este.
Cuando llegué a Plaza de Mayo volví a revisar el mapa. Estaba lleno de policías, seguramente iba a haber una manifestación. En ese instante creo que escuché unos bombos y en mi locura escuché "Dale dale River Plate, dale dale River Plate, dale River Plate, dale River Plate" (canto típico de la hinchada de River). Me pregunté si acaso estábamos cerca de la cancha de River y al instante deseché la opción. Me pregunté si acaso había un caravana y también lo deseche. Estuve tentado de preguntarle a algún policía si iba a haber una manifestación de la hinchada pero ya estaba muy cansado y temí que se rieran de mí. Ahora me alegro de no haberles preguntado, acaso también hubiera pasado por demente. En ese momento vi una entrada de subte y casi me vuelvo, ya estaba cansado. Pero estaba cerca de Puerto Madero y tenía ganas de mirar el río y acaso tirarme y dejarme hundir sin carta de despedida, sin ningún motivo en particular, sin que nadie entendiera por qué, sin siquiera que yo mismo supiera por qué, por la única razón de haber pasado por ahí un día que salí a caminar, por esa razón suficiente que es la sin razón. Y mis famosos "quién sabe". Pero mentiría si dijera todo eso, sólo quería ver el río y sólo ahora que escribo se me cruzó lo de tirarme.
Llegué a Puerto Madero, me alejé de la avenida llena de negocios y gente horrible con traje y guardias de seguridad y cartelitos con propagandas y la hora. Caminé por la que da directo al río. Escuché algunas voces extranjeras. Aplaudí para mis adentro una inscripción en el pequeño, casi insignificante comedor de Castels: "Luchamos por una Argentina en la que los perros de los ricos no tengan mejor (¿o más?) alimento que los hijos de los pobres" (la frase también estaba en inglés). Me senté a mirar el río. No me preguntes en qué pensaba, creo que en ese mismo instante no lo tenía bien en claro o en todo caso no te lo confesaré, no ahora, no hoy, no por mail. Después seguí caminando, hasta que terminó el río, entonces salí de Puerto Madero no sin antes mirar maravillado un edificio con forma de semicírculo muy chato. Sería interesante ser arquitecto y construir enormes formas raras apenas comprensibles (para los demás, para mí mismo), y poder disfrutar aún más de las formas de los edificios y casas y calles. Volví a mirar el mapa. Caminé algunas cuadras, no estaba demasiado lejos de Retiro. Sin embargo en el camino encontré frenado un 93 y me lo tomé sin estar muy seguro de si me llevaba cerca de casa, sin preguntarle al chofer si ese iba para Villa Urquiza. Me bajé como a quince cuadras, caminé, llegué a mi casa, dije que había estado en Cabildo con un amigo, me acosté, dormí.

Un día estaba en Cefyl y una de las chicas que atienden le preguntaba a todo el mundo después de agarrar el numerito: "¿Cómo estás?". Nadie respondía, obviamente. Entonces me divirtió la idea de contestarle y justo me atendió ella y entonces le dije: "Bien, gracias, ¿vos?". Se rió, me reí. Evidentemente de tres millones de personas que van al Cefyl fuí el único al que se le ocurrió responderle. A la semana fui a comprar apuntes de nuevo y la volví a saludar, y me reconoció y le pregunté si mucha gente hoy y me dijo que sí y que estaba cansada. Otro fui y le dije: "Hola fotocopiadora simpática", y me dijo: "ayy, que bueno, sabes, me alegraste la mañana que no venía con muchas pilas". Despues le fui a pagar al gordo desagradable que cobra (o por ahí fue otro día) y ella le dijo: "Atendémelo bien a ese chico por favor", y yo le dije al gordo: "viste que es re simpática" y el gordo agregó: "sí, y además es muy linda". Ella se puso coloroda, el gordo me dijo: "mirá como se pone colorada" en voz baja y yo, como siempre, me reía.
Otro día le dibujé en una hojita de esas para pedir apuntes:
"Alterini es malo

(dibujé una casita, con un caminito, un arbol, las montañas, el sol con carita y unos pajaritos... dibujo que hago desde primer grado de la misma manera)

Para fotocopiadora simpática,
de comprador anónimo"

Por qué comprador anónimo, yo quiero saber tu nombre; dijo. "Y yo no te lo quiero dar contesté", amable a pesar de la frase. No sé por qué no le dije el nombre ese día, ni por qué las siguientes veces que fuí tampoco se lo quise decir. Agregalo a mi lista de rarezas y a mi etiqueta de "especial".
También me acuerdo otro día en el que fui y no había casi nadie y nos quedamos hablando un rato. Me dijo que estudiaba historia, aunque no estaba haciendo ninguna materia este cuatrimestre, y que estudiaba música en no sé donde. No me acuerdo de qué más hablamos. Me acuerdo que después saqué un papelito para sacar fotocopias (no apuntes) y que había mucha gente, y que ella que atiende en donde se venden apuntes (y no fotocopias) salió porque no había nadie y al rato volvió. Y que entonces le dije: "Por qué hay tanta gente en la fotocopiadora". Y que me preguntó si tenía que sacar muchas cosas y le dije que no, que sólo una hoja de un libro que se habían olvidado de poner en el apunte original... entonces lo fue a buscar, me lo dió, sacó la fotocopia ella y cuando le estaba pagando al que cobraba ese día le dijo: "no, no le cobres que es de una hoja que faltaba en un apunte". Después la crucé alguna que otra vez en los pasillos o ahí mismo, aunque no hablamos demasiado, no me interesa tampoco. El eterno problema de gato: me termino aburriendo y cansando de todo, incluso de la gente, lo cual es más doloroso. Ahora me basta con ir, saber que alguien me reconoce y no sentir que soy uno más entre nadies.
XXXXXXX (el compañero más grande de un seminario del que ya te he hablado) me escribió un día después de que le contara el día en que le escribí en un papelito el mensaje ya citado: "Muy lindo el episodio de la fotocopiadora. Claro que no pregunto por qué de tamaña acción, si ya lo sé: escribir un bello fragmento, eso es todo." Yo me quejé porque le dije "Señor, no fue un bello fragmento lo que escribí ese día, ¿usted leyó bien lo que le escribí en esa hoja?". A lo que respondió hermosamente: "Aunque parezca otro, el motivo es el mismo. Escribir un bello fragmento y sentirse vivo, son, para un poeta como ud., la misma instancia. Ud. no respira hondo, por ejemplo, para sentirse vivo: ud. vive bellas estampas en las cuales encontrar algo de la escueta belleza de esta vida". Hermoso que piensen eso de uno.
(párrafo censurado)
Todavía sigo pensando en la frase aquella que me dijo mi mejor amigo:

"ay gato te juro que no te entiendo un sorete
parece que sos facil pero te escabullis
desde afuera todo parece muy simple, esto te lo digo posta
yo te entiendo, pero cuando te veo de cerca cerca, me pareces muuuuuuy lejano
no es joda"

No sé por qué me fascina tanto. Acaso porque el siempre quiso negar de alguna u otra manera que soy una persona "especial" (como decis vos), raro o loco (como dicen otros). O al menos siempre me repetía que para los demás del grupo (de amigos) yo podía parecer muy raro pero que para él no. Y en esa frase, un día cualquiera, me confiesa que ni siquiera para él soy comprensible. Que me cree sencillo, que quiere creerme así, pero que termino escapando. Ni siquiera mi mejor amigo termina de entenderme, y usted, usted, ¿algún día podrá?

Bueno, los últimos párrafos no han nacido con demasiado entusiasmo ya, así que es hora de partir. Mi último día de mis primeras vacaciones de este invierno lo he pasado escribiéndote. ¡¡¡No podes quejarte!!!
Un beso.

Así hablo Gato. Sea impreso y publicado.

--
"En la radio dicen que en Agosto se viene el fin del mundo. Estoy ansiosa de que llegue, así quedan los malos por un lado y quedamos los buenos por el otro". Maria Rita, 93 años, Geriátrico de Los Santos

"que no fume, ni beba, ni ideas de sexo, preferentemente católico" Maria Rita, 93 años, Geriátrico de Los Santos

miércoles, 2 de julio de 2008

Recuerdos. 30 de Julio del 2005. 9 de Agosto del 2005.

Otro mail viejo. Esta vez dos. El segundo lo pongo porque me causa mucha gracia. ¡Otro día publicaré el libreto para nuestra primera conversación telefónica!
Sé que es un estupidez y que pasó mucho tiempo desde la última vez que habíamos hablado. Pero lo poco que hablé con usted ayer me sigue haciendo creer lo mismo que en ese entonces. Estaría bueno que puedas exteriorizar todas esas cosas maravillosas que guardas. Ya no pondría en "ese corazoncito que es una caja fuerte" porque suena demasiado cursi. No digo que no lo siga siendo. Pero trato de que se note un poquito menos =)
Y ya le dije, no hace falta que escriba bien. Yo mismo no lo hago y mire con que desfachatez le escribo a una princesa en un blog. No se trata de escribir bien o mal. No sé de qué se trata tampoco. Simplemente escribo, por escribir, para que alguien como usted hoy me lea. Con la esperanza de robarle una mínima mueca de sonrisa, aunque sea para reirse de lo estúpido que soy. A mi no me importa, en este caso soy pura nada, y usted lo es todo. Sonría y sobre todo MUCHA FUERZA!!

Ya sabes donde encontrarme si me necesitas.
Un beso enorme,
el niño ñoño.

pd: cambie tu nombre por xxxxx para mantener en anonimato tu misteriosa identidad.


30 de Julio del 2005.

Princesa. Me quedé preocupado... ¿te molestó el mail anterior? ¿o te hizo dar cuenta de grandes diferencias entre una princesa y un ñoño?
Me dijiste en la charla de hoy que vos no eras ni espiritual, ni culta, ni ... Yo no creo que sea tan así, no creo que seas solamente una niña del mundo de los placeres mundanos; ni que haya una xxxxxx en el msn y otra xxxxxx completamente distinta en persona. En todo caso no exteriorizaras tanto ciertos rasgos que estoy seguro que tenes porque me los mostrastes durante todo este tiempo que hablamos. Sos una mina especial, que no te quepa la menor duda, estoy seguro de que ese corazoncito es una caja fuerte que encierra un montón de tesoros hermosos y me encantaría, de a poco, poder ir conociendolos más. Es ridículo esto de tener miedo de decepcionarnos.
Ser ñoño no implica tampoco no darle valor a las "cosas mundanas". Soy ñoño pero no cura, ni asceta, ni platónico. Muchas veces hay más rebelión y más vida en las cosas mundanas que en los libros y en la literatura. Y hace tiempo que siento que todo el mundo está asquerosamente muerto, sin vida, que caminar por las calles o viajar en colectivo es una experiencia completamente inhumana y deprimente. Por momentos me gustaría tener un brazo superpoderoso y poder pegarle un par de bofetadas a todo el mundo para despertarlo de este largo sueño embrutecedor al que están sometidos.
Me gustaría ahora poder estar sentado con vos en el cordón de una vereda, tomando una cerveza y riéndonos del mundo o sufriéndolos juntos. Y veo en ese acto sencillo mucha más vida que en un montón de libros viejos o en las pequeñas ideas que pueda tener ganas de escribir.
No estuve muy inspirado estos últimos días. Creo que estudiar para los finales me afecto un poco el cerebro, me domesticó un poco. Poco a poco voy volviendo a la vida, y quiero que tengas un lugarcito en ese salvador resurgir.
Te quiere mucho,
el sabio ñoño

9 de Agosto del 2005.

Honorable Señorita Princesa,
Sus súbditos luego de ardua discusión se han decidido a escribirle este mail. La razón del mismo es que nos encontramos un tanto desconcertados por sus actitudes de los últimos tiempos. Sentimos que nos ha abandonado y que ya no nos presta tanta atención ni derrama sus altos encantos por nuestras humildes moradas.
Algunos de sus súbditos atribuyen su lejanía a la nefasta aparición en su vida de un cierto niño ñoño que la ha añoñado y que ha influido negativamente llevándola a prestar demasiada atención a sus altos estudios universitarios y poca a sus súbditos. ¿Qué ha pasado? ¿Está estudiando tanto que ya no hay tiempo para sus súbditos?
Le rogamos, le suplicamos, le inquerimos: DEJE LOS LIBROS PARA LOS ÑOÑOS Y LLÉNENOS DE SU NECESARIA LUZ.
Sin más,
esperamos pronta respuesta y urgente atención
sus súbditos
pd: ¡muera el niño ñoño!

lunes, 30 de junio de 2008

Poesías narradas: Raíces (Parte de cualquier cosa, de la cual, quedando oculta, procede lo que está manifiesto)


Se que nada justifica esta carta, como se que nada justifica ninguna. Será tal vez la nostalgia de juntar esas pocas palabras que intentaban ser reflejo de un alma, ese reflejo tan cristalino -como pueden ser claras las aguas de un río turbio y confuso- que no dudaba en regalarte.
¿Qué es lo que queda de esos tiempos en los que fuiste mi fiel compañera, mi confesora, mi ángel, mi único amor? No lo sé, pero sé que también somos lo que hemos perdido y que estás y estarás presente en mi vida como una huella constante que le da y le dará inconfudible resplandor a cada sueño, a cada mirada, a cada tristeza, a cada cosa, a cada palabra.
Veo -innegable, maldito- el paso del tiempo. Lo veo y es viento, voraz huracán que arrastra con fuerza sonrisas, alegrias, dolores, silencios. Lo veo alejarse y siento nostalgia. Me resigno confuso, conozco -oh vanidad- mis límites y sé -oh vanidad- que ya no puedo descansar en la dulce nube de los sueños. Lo veo arrastrarlo todo (lo sé y vaya que lo sé, también sentimientos) seguro, incansable.
Evoco un pasado ya muerto, es verdad, pero sólo los ojos ciegos piensan que después del terremoto se ha perdido todo. Podrán los rugidos de la tierra hacer caer el tronco de los árboles, podrán las olas violentas ahogar sus copas, podrán los vientos llevarse sus hojas; pero nada, jamás, hará sucumbir -perfectas, intocables, eternas- a sus sólidas raices.
Y de raices quisiera hablar hoy, de las raíces que no pueden cortar las peleas, de las raices que no pueden destruir ni los errores, ni las equivocaciones, ni los rencores, ni las distancias, ni los dolores, ni el paso del tiempo.
Hemos perdido el pasado, la palabra que debería haber sido silencio, el silencio que debería haber sido palabra. O más triste aún, hemos perdido el presente, sólo queda el pasado. ¿Puede haber futuro cuando no hay siquiera presente, cuando sólo hay pasado? Por eso escribo.
Y vuelvo a mentir, porque cada vez que hablo (también el pensar es un hablar) miento. No se trata de cambiar un orden por otro, no se trata de destruir el viejo para imponer uno nuevo, no se trata de nada. Escribir al menos para eso, para eternizar algo pasajero.
Renuncio entonces al falso saber, a la vanidad de conocer, a la estúpida promesa, a la idiotez de certezas acerca del futuro cuando no existen ni hoy ni ahora. Renuncio a todo es verdad y no porque quiera sino porque el viento se lo lleva, se lo llevará, absolutamente todo. Todo, todo, todo menos las raices.
¿Qué quiere decir todo esto? Nada.
Por un momento me siento dueño del tiempo, él necesita del golpe de mis dedos para confirmar su fluir. Él sin mí no es nada, ¿y yo sin vos?
No escuches en mis palabras (malvadas, tramposas, ¿como yo?) el inarmónico sonido del amor; no saborees en ellas el mar salado de lágrimas o nostalgias. Y no lo hagas, porque yo no lo hago, y porque hoy quiero hablar de raices y a las raíces nada las mancha (ni siquiera el amor, al que lo arrastran los vientos).
Que en este mundo que hoy creo para vos donde todo queda negado y destruido menos las raices, que en este mundo pequeño pero absoluto... todo sea dicha y felicidad.
¡Feliz Año Nuevo!

Raíces (Parte de cualquier cosa, de la cual, quedando oculta, procede lo que está manifiesto),
1 de enero de 2005



Es uno de mis escritos viejos favorito. Por ahí por la persona y el momento en el que lo escribí. Por ahí porque trata algunos temas que siempre me están cuestionando. Por ahí porque sí, un poco lo del principio, nada justifica nada, nada se justifica por sí sólo. Lo bueno es que siempre lo olvidamos, que escribimos o hablamos o actuamos porque sí pensando que ya es suficiente.
Tal vez me guste porque es nostálgico. Porque me hace pensar en... en los momentos compartidos... en lo que era hermoso. Por ahí tiene razón un amigo que dice que el amor tiene efecto boomerang. Por un lado es el gran y único dador de ser, que surge, se desprende de uno y va con todas las energías, con todas las ganas, con toda la felicidad. Después, después. El tiempo. Y la magia se te viene encima toda junta, lo que fue pluma vuelve como roca, lo que se perdonaba ahora es motivo de odio, lo que fue palabra amable ahora un insulto. Y así va y viene, el boomerang inmaterial del amor que viaja aureamente vuelve para golpearnos en la frente con toda su materalidad indiferente.
"- Así va a ser difícil que nos entandamos como en otros tiempos.
- En nombre de los otros tiempos se hacen las grandes macanas en éstos."
Y el tiempo pasa. Y lo que en su momento era presente y futuro, ahora es presente y pasado. Odio todo aquello que no sea eterno, y sí, nada lo es. Lo único que parece quedar es la exaltación constante del presente, asumirlo todo como fugaz y pasajero. Pero el anhelo de la eternidad escapa de aquello que sería más saludable disfrutar. Y no puedo dejar de anhelar la eternidad. Por eso tal vez Raíces..., por eso tal vez hoy ponerlo acá, por eso tal vez las palabras que le han seguido. Acaso nunca halla logrado escapar de esa eternidad deseada. Y cualquier cosa, cualquier gesto, cualquier palabra intercambiada es un motivo más para volver a creer.
En el fondo reescribo lo ya dicho. No creo aportar nada nuevo. O tal vez sí. Ya pasaron tres años desde ese escrito y hoy, de alguna u otra manera, lo estoy reafirmando. Manifiesto aquí y ahora, que aunque no lo leas y nunca lo vayas a leer, sigo pensando lo mismo que ayer, y que antes de ayer, y que ayer de antes de ayer. Y que hoy. Y supongo que mañana. Exactamente por lo mismo que decía antes. Porque por más que sepa que sólo me queda disfrutar del presente no puedo dejar de anhelar la eternidad. Y hoy nuevamente te eligo a vos, para que seas parte de ella, hoy y siempre.

domingo, 29 de junio de 2008

Recuerdos. 26 de Agosto de 2003

Inauguro una nueva sección. Se llama recuerdos. Supongo que navegaré mucho tiempo en ella en estos primeros tiempos del blog. Estará compuesta fundamentalmente por viejos mails enviados. Toda selección es inevitable pero intentaré censurar lo menos posible. Publicaré hasta aquello en lo que ya no creo, me enfrentaré a mi pasado mirándolo con simpatía, a veces, con extrañez, otras, o con vergüenza, sorpresa o lo que sea. También evitaré otro tipo de censura que consiste en hacer notas al pie, en aclarar que nunca creí en tal cosa, en explicar cuando uso la ironía, etc. etc. Creo que ya me he censurado demasiado explicando que no me censuraré. Amo este juego contradictorio de decir lo que no digo y no decir lo que digo.
No estoy seguro de qué encontraré en estos mails. Acaso todavía tenga la esperanza de encontrar "la cifra", la justificación de mi existencia, o, aunque sea, un simple destello de luz que me permita seguir creyendo en no sé qué. Acaso no busque nada en particular, sólo compartirlos, sin ningún anhelo en particular.
En fin, basta de cháchara... Aquí va mi viejo mail...


Antito,
y me guardo el mensaje q te envio junto al tuyo porque ambos me gustaron.
Hace tiempo que pienso quel absurdo es la mejor respuesta al racionalismo-positivista-occidentalista-monoparadigmático de nuestrá época. Más que palabras las acciones absurdas. Creo que estamos saturados de razón, de "intelligencia" y cosas por el estilo que no nos hacen más felices (y tal vez todo lo contrario) que la religión, la estupidez o cosas por el estilo.
Y si pensas más "profundo", en realidad, lo que nos mantiene vivos son las amistades, la metafísica, las creencias, las charlas boludas y no la razón y la ciencia con las cuales como mucho logramos un pedazo de cartón que dice que somos profesionales o inventar una cura a las pulgas de los perros y no al hambre.
pd: por qué esa estúpida manía de poner los posdatas al final?
Y como este mail es mío y yo le pongo regla a mis mails sigo con lo que dicen es la idea fundamental de Nietzche: el lenguaje nos aleja de la realidad carajo.
Así que me voy a pintar, o fumar porro, o a rezar, o a hacerme una paja pensando en la rata..
Y me despedía y ahora sigo hablando porque si, porque detesto la cordura, detesto levantarme los domingos y quedarme tranquilo y pensar que todo está bien porque abrí la puerta y el diario estaba "esperándome".
Cortazar, sos lo más grande que hay. Gandhi estás ahí, pero no creías en el internacionalismo y no comías vacas, Fidel podrías haber hecho el discurso un poco más corto que tenía ganas de irme a mi casa y siempre repetis lo mismo y ya sabía todo lo que ibas a decir y, que bicho repugnante y contradictorio que es el ser humano.
Anto, acordate de...

A modo de introducción

Soy tan feliz escribiendo. No importa lo que diga, a quién escriba, ni qué. No importa si he de escribir "los versos más tristes" o si he de sintetizar la alegría más inmensa. No importa ni siquiera si quien me lee es mudo o no tiene dedos para responder, aunque lo prefiera para tener un motivo más para seguir escribiendo.
Una vez me basé en un encuentro fugaz con alguien, que apenas conozco, para escribir aquel primer texto que te mandé. Nada justificaba mi atrevimiento, mis palabras, mi escribirle. Y en el fondo cabe preguntarse si realmente le escribía a ella. Hoy te escribo a vos, ¿a vos?
No sé por qué esta justificación. No sé por qué necesito explicarte. Acaso porque lo que sigue abajo no tiene el tono alegre de lo que escribí el otro día. Acaso porque lo que sigue abajo suena a una exigencia que no es real. Sólo espero entonces que lo sepas leer. Sólo te pido que pienses que lo que escribo abajo no es para vos. Que nada de lo que digo es verdad. Ese es mi deseo.
Alguna vez Borges escribió este bello poema:

El cómplice

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.

Tal vez no es bello, pero expresa lo que muchas veces creo de mí. Usted, desde que nos conocimos, me quiso ver como "el poeta", como un escritor, como un artista. Pues bien, lo soy. Toda mi vida se reduce a eso. No soy ni complicado, ni sencillo, ni sentimental, ni frío, ni bueno, ni malo. Mis contradicciones no se resuelven en una fuerza admirable, sino en un par de palabras u oraciones escritas.
Así que insisto. Nada de lo que sigue es verdad, le miento, no me crea. Léame así entonces.

Felizmediocridad.

pd: y en el fondo, ¿cómo no creerme? ¿cómo no estar segura de que lo escribo es verdad? ¿cómo sospechar que lo que escribo puede contener el más mínimo fragmento de mentira? ¿cómo no estar segura de que te escribo a vos y nada más que a vos?